Fui a la comunidad indígena Kuna Yala en Panamá a recolectar imágenes. Luego en la calma del laboratorio tendría tiempo para analizar los hallazgos.

Tenía claro que la cámara de fotos podía ser un obstáculo. Bien conocido es el respeto que en general tienen los pueblos originarios a la fotografía y su amenaza de robarnos el alma. Más que abundante es el historial de trabajos fotográficos que ponen al aborigen en el lugar de “primitivo”, “diferente” o “exótico” Si bien en los últimos cien años, la antropología y las ciencias sociales cambiaron totalmente su forma de estudiar estos pueblos, aún seguimos viendo trabajos basados en reafirmar una supuesta idea de superioridad cosificando siempre al diferente.

Por esto, establecí un sistema de trabajo con el cuál pudiera registrar objetos y personas por medio de moldes y vaciados. Las imágenes se posaron sobre las superficies de manera táctil, es decir por contacto como solía hacerlo la fotografía analógica desde sus orígenes.  Al mirar la huella, la cicatriz, las arrugas, el fósil,  puedo ver en el vacío impreso sobre la materia lo que ya no está. Todo depende de la interacción de la materia y la forma.

La materia busca transformarse y la forma materializarse. En el vacío habitan estas interacciones.

La naturaleza se expresa en un tejido cuya hebra vertical es la forma (representado por lo masculino, fuego y aire) y lo horizontal es la materia (representado por lo femenino, tierra y agua).

Los moldes funcionaron como mis negativos fotográficos. Solo al fotografiarlos, la imagen se hizo positivo y es posible reconocer la forma.

Pienso la historia como fragmentos discontinuos de temporalidades que a veces se superponen sin seguir una estructura lineal. Lo mismo las imágenes, tomadas como pequeños retazos nos permiten diversas lecturas posibles. No miro  el pasado remoto y sus objetos perdidos como huella de su identidad, sino como la ruptura de un tiempo lineal donde la posibilidad de relacionar fragmentos me permite pensar otras maneras de mirar.

TRABAJO REALIZADO DURANTE LA RESIDENCIA ARTÍSTICA   LA WAYAKA CURRENT - JUNIO 2017

I visited the indigenous community Kuna Yala in Panama to collect images. Later, in the calm of the laboratory, I would have time to analyse my discoveries.

It was clear to me that the camera could be an obstacle.  Well known is the respect indigenous peoples feel about photography, as well as their fear that a picture may steal their soul. More than abundant is the history of photographic production that regards indigenous people as “primitive”, “different” or “exotic”.  Though in the last hundred years,  anthropology and social science have completely changed their approach to studying these peoples, we continue to see research work that reaffirms an assumed idea of superiority that always objectifies those who are different.

 

Thus, I established a work system that enabled me to register objects and persons by means of moulds and imprints.  The image rested on surfaces in a tactile way, that is, by contact, just as analog photography used to capture it from its inception.  When I look at the mark, the scar, the wrinkles, the fossil, I can see in the hollow printed on the matter what is no longer there.  Everything depends on the interaction between matter and form.

Matter seeks to become transformed, and form seeks to materialize. These interactions live in the void. Nature expresses itself as a fabric whose vertical thread is form (represented by the masculine, fire and air), and that which is horizontal, is matter (represented by the female, earth and water).   

 

Casts functioned as my photographic negatives. It is only when they were photographed that the image turned positive, and it was then possible to recognize its shape.

 

I think of history as discontinuous fragments of temporalities which sometimes overlap without an established linear structure. This happens with images, taken as small pieces that allow several possible interpretations. I do not look at the remote past and its lost objects as an indication of identity, but as the rupture of a linear timeline where the opportunity of relating fragments enables me to consider other ways of seeing.

© paula teller